Tao Te Ching
Capítulo 1: Lao-Tzu presenta el Taoísmo
En el capítulo 1 del Tao Te Ching, Lao-Tsu presenta el Taoismo y nos advierte del peligro de confundir el Tao de las palabras con el Tao de la experiencia directa.
Este capítulo es un breve pero desafiante sumario de la filosofía Taoísta, presentando el marco para el resto del texto. En el capítulo 1, se presentan diversos conceptos clave taoístas:
El Dao que puede ser nombrado no es el Dao permanente.
El nombre que puede nombrarse no es el nombre permanente.
En estas dos primeras líneas del Tao Te Ching, Lao-Tzu comienza avisando de que los conceptos y palabras del Taoísmo no pueden ser nunca sustituidos por la experiencia directa del Tao en sí mismo.
No se puede definir Tao por que se aplica a todo: es imposible definir algo en sí mismo. Si un principio se puede definir, no es Tao.
Lo que que esto significa (el Tao) no es la palabra “Tao” o cualquier concepto intelectual que esta palabra pueda significar, sino el Tao en su sentido trans-conceptual.
Puede parecer extraño usar palabras y conceptos para hablar acerca de ir más allá de palabras y conceptos, pero el lenguaje es la única herramienta de la que disponemos para ser usada para apuntar más allá de sí misma.
Una vieja parábola Zen explica esta aparente paradoja en términos de un dedo que apunta a la luna, uno no debería concentrarse en el dedo, sino en la luna.
Lo que no tiene nombre es el principio de todos los seres.
Lo que tiene nombre es el principio de todas las cosas y distinciones.
El Tao es principio, el principio esencial de la Creación, pero también es proceso, porque la Creación se despliega de acuerdo con el Tao. Tao es principio y proceso: cómo y qué.
De nuevo en estas dos líneas, Lao-Tzu reitera que la auténtica naturaleza de la existencia en su nivel más profundo no puede ser capturado en palabras o conceptos. Hay que hacer notar que lo que no tiene nombre se describe como la “fuente de existencia” más que la existencia en sí. Esto es lógico, ya que “existencia” es un cosa con nombre.
Desde una perspectiva taoísta, las cosas son creadas por la tendencia de la mente de hacer distinciones dentro de un todo individido. Ya que los seres humanos tenemos objetivos y deseos, categorizamos, conceptualizamos y dividimos el mundo de ciertas formas que son útiles para nosotros. Por supuesto, estas categorizaciones y divisiones no son absolutas.
Si no tienes deseos, verás la esencia escondida de las cosas.
Si tienes deseos, verás las manifestaciones de las cosas.
En la filosofía taoísta, es muy importante la teoría de los tres tesoros. Esta nos indica las tres fases en las que generalizamos o categorizamos los niveles de la existencia, como por ejemplo el cuerpo humano. Estos tesoros son la esencia (jing: materia basal, lo corpóreo), la energía (qi) y la mente-espíritu (shen), de modo que hay una relación vertical entre ellas: la esencia soporta la energía y ésta a la mente. Pero también al revés: la mente controla la energía y ésta a la materia corpórea.
Mente (Shen)
Energía (Qi)
Esencia (Jing)
Esto también es de vital importancia para el Taiji-chuan, veremos más adelante cómo se materializa esta teoría en el arte marcial, siendo uno de sus fundamentos más importantes (junto con la teoría del Yin-Yang).
Por ejemplo, con respecto a la alquimia interna (búsqueda de la inmortalidad de los taoístas), sabemos que:
Completando la propia esencia, podemos preservar el cuerpo. Para esto, primero nos aquietamos y así nos aseguramos de que no haya deseos. Así, la esencia puede completarse.
Completando la propia energía, podemos nutrir la mente. Para esto, primero mantenemos la mente pura y nos aseguramos de que no haya pensamientos. Así la energía puede completarse.
Completando la propia mente, podemos recuperar la vacuidad. Para esto, primero mantenemos la voluntad sincera y unimos mente y cuerpo. Así la mente podrá volver a la vacuidad. ... Para conseguir la inmortalidad, no hay nada sino el refinamiento de estos tres tesoros: esencia, energía, espíritu.
No se puede definir a Tao pero puede ser conocido. El método es ser consciente de lo que ocurre: la meditación. Al ser consciente de lo que ocurre, empiezo a sentir como ocurre. Empiezo a sentir el Tao.
A diferencia de las religiones o filosofías occidentales, el principio del Taoísmo es comprender el tejido, la urdimbre de la existencia, no el tejedor. Este no nos importa, pues no nos sirve para comprender la realidad ni nuestro lugar en ella.
Para ser consciente de lo que ocurre, debo prestar atención con una mente abierta, dejando de lados mis prejuicios personales.
Sólo el conjunto de la existencia en sí misma es absoluto, y esta es la esencia escondida de las cosas de la que habla Lao-Tzu. Las cosas se distinguen por referencia a otras cosas. Pero el conjunto de la existencia no es una cosa, ya que no hay nada más de lo que se pueda distinguir. Si a un observador no le motiva ningún deseo en particular que le lleve a dividir y categorizar el mundo, será capaz de percibir esta absoluta totalidad.
Estos dos aspectos (ser y no ser; tener y no tener) tienen el mismo origen, pero tienen diferente nombres.
Esto es difícil de entender
Aquí, Lao-Tze hace dos puntos claves. En primer lugar, que la división y la unidad tienen la misma fuente y son sólo aspectos complementarios de la realidad. Y en segundo lugar, que alcanzar el auténtico entendimiento de este hecho no es tarea fácil. Puede parecer sencillo decir que la “unidad y la dualidad son la misma cosa”, pero cuando la mente profundiza en esto e intenta entender lo que esto realmente significa, nos encontramos con paradojas.
El escritor taoísta Alan Watts dijo que “la relidad, el fundamiento, el último misterio – la única cosa que necesitas saber para entender los más profundos secretos metafísicos – es esto: que para cada interior hay un exterior y que para cada interior hay un exterior y aunque son diferentes, van juntos”.
La oscuridad sin oscuridad.
Llave de todo cambio (en el original: “puerta de la multitud de las maravillas”, referido al taichi, a la continua transformación).
Estas líneas finales del capítulo 1 ponen el énfaisis en el hecho de que la naturaleza del Tao siempre será un misterio al intelecto, simplemente porque la paradoja de que la unidad y la división son idénticas no puede ser resuelta por la mente lógica. “Oscuridad sin oscuridad” describe de forma poética la búsqueda sin esperanza del intelecto de alguna caja verbal o conceptual en la que capturar la realidad.
“Llave de todo cambio" es la realización de que lo que está siendo descrito por palabras y conceptos como “Tao” no es simplemente más lenguaje, sino una realidad transcendente a la cual no podemos aproximarnos de forma intuitiva o experimental.
Pero como Tao es principio y proceso, conociendo Tao conozco como son las cosas.
Lao-Tzu está apuntando un dedo a la luna, animando a sus lectores a mirar más allá del dedo a donde éste está apuntando.
Artículo comentado por David López